viernes, 9 de mayo de 2008
Salvador
Me llaman la atención los espíritus dormidos que caminan por Salvador, en las mañanas heladas, pre-cansadas y vacías. La sombra del televisor a través de las cortinas, y tu imagen durmiendo sin soñar en el sofá. Quise preguntarte, (cuando salí del metro y tu no estabas), porque no podía abrir tu ventana, atreverme a entrar fortuitamente a tu departamento y abrigarme con la tibieza de tu ternura sin culpa, ni razón. Pero tú no me ibas a responder, ya que de una u otra forma nunca despertarías, ni saldrías de tu departamento, ni intentarías soñar.
Yo soy de aquellas, que toman la micro y el metro todas las mañanas, esperando me lleven a tu cara. Y soy de aquellas, que se bajan antes de llegar a la última estación, y se devuelven caminando por la línea del tren. Que no creen en las mañanas cuadradas, y no odian al despertador. Yo sueño despierta es cierto, pero solo porque cuando duermo estoy muy ocupada soñando lo que tú no sueñas al dormir.
Esa mañana quise que me respondieras, que no despertabas para no verme zurciendo tu boca, desde el lado congelado de aquella ventana. Quise ignorar que zurciste mi boca, mirando mi retrato desde la tranquilidad inocua de tu living-comedor. Pasé por la ventana y la golpeé, apareció tu cuerpo dormido con una foto mía en una mano, y en la otra un reloj. Atrás vi a tu espíritu quemando nuestros recuerdos con la televisión.
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"Y son preservativas, todas las ventanas.
Quedarme adentro de todas las palabras
y lo anticonceptivo del miedo al compromiso
son todas las ventanas que siempre dan lo mismo."
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