Era frazada consumida por el frío. Lastimosa, pobre, imposible de no observar. Era de esas cosas que atraen la mirada desde que nacen, o del otro tipo que solo es visible cuando muere. Era un intermedio entre ambas. Era el típico todo, y era la usual nada.
Hasta que un día, paso de mi gran mantel, a ser una deplorable hilacha. Despertó de su infancia, y arrasó con bosques y
Hasta que un día, paso de mi gran mantel, a ser una deplorable hilacha. Despertó de su infancia, y arrasó con bosques y
senderos desérticos de tapas, instalándose al fondo de un cerro, para ser devorada por los insectos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario