martes, 25 de diciembre de 2007

El Mantel

Tengo escasez de orgullo poético, porque me renegué a ignorar y vapulear cualquiera sea la sugerencia que intento imprimirme el mantel. Sea referencia histórica alguna, o consejo amoroso talvez. No lo oí cuando me dijo que era mejor poner la bandera de Chile al revés, que no existía la Independencia, y que la historia es idiota cuando nadie la quiere leer. Ni cuando aclaró que mi existencia era presa política de la piel, y mis acciones prófugas de mi sien.

Había quienes desaprobaban la tendencia ideológica de aquel mantel, que proclamaba la igualdad de derechos entre los platos de fondos y las entradas, y repudiaba la ignorancia sobre la cultura del cuchillo para el pescado. Él no podía entender porque no se invitaba a cenar a la gente desconocida, y porque yo pasaba tardes enteras hablando con él. Fue el primero en advertirme que mi tolerancia ilusa, era recurso no-renovable, y que cuado esta se me agotase, no la extrañaría en gran porcentaje. Suplantó mi idea del barroquismo gótico, por la sencillez de la sonrisa del insensato, sembró el caos en las ideas auto-impuesta, quebró mástiles y emblemas, quemó corazonadas y compró mensajes escritos en lenguajes tridimensionales. Hasta que se deshiló, cayendo en el infierno de la incomprensión, volviéndose necedad con patas, e impetrando definiciones para la palabra “bien”.

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