I
La noche no llegó en forma amistosa, oscureció sin preámbulos, ni atardecer dorado. Consumió los habanos del recelo en forma de vela, y hundió las estrellas en un mar de miseria.
Ella se acostó a dormir porque se cansó de ver la basura, estallar por todas partes. Se lanzó a lo incierto, después de estar hasta el colmo triste de estar triste. Se derrumbo ante el asombroso viraje de la vida hacia lo imposible.
La lluvia ya no chocaba contra el techo, y aun así no podía conciliar el sueño. Y la probabilidad de que una esperanza vetusta jugará a hacer compañía, en la noche de agonía, no parecía aceptable, menos imaginable.
Esperó, paciente la llegada ostentosa de un sueño, que se esfumó al primer suspiro.
Y se perdió, en el infierno mentiroso de hierro fundido.
Ella se acostó a dormir porque se cansó de ver la basura, estallar por todas partes. Se lanzó a lo incierto, después de estar hasta el colmo triste de estar triste. Se derrumbo ante el asombroso viraje de la vida hacia lo imposible.
La lluvia ya no chocaba contra el techo, y aun así no podía conciliar el sueño. Y la probabilidad de que una esperanza vetusta jugará a hacer compañía, en la noche de agonía, no parecía aceptable, menos imaginable.
Esperó, paciente la llegada ostentosa de un sueño, que se esfumó al primer suspiro.
Y se perdió, en el infierno mentiroso de hierro fundido.

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