jueves, 3 de julio de 2008

Motel Felino

Había un gato lustrabotas, que vivía en el patio del vecino. La ventana pequeña de mi baño, daba precisamente a ese patio, donde entre cajas y botellas el gato armó su morada. Llevaba un cinturón de cuero café entre las patas, y un corbatín en el cuello, que le rozaba sus orejas. El gato se levantaba cada mañana a ordenar con ímpetu, las cajas que arrendaba a las parejas de gatos para encubrir sus amoríos. Almorzaba lo que encontraba en mi basura, y por las tardes salía con su stock de limpieza de zapatos a pararse a la entrada de la escalera 255, que te lleva desde Cumming al Cementerio General

Yo por esos tiempos, estaba arrestada en mi casa, por interferir con la depresión del idiota que tenía por hombre, así que pasaba horas y horas en puntillas sobre la tina, para alcanzar la ventana del baño. Me llamaba la atención aquel pintoresco gato y con el tiempo hasta le agarre cariño, la rutina o la fortuna ¿Quién sabe? Son cosas que no dependen de una. Lo bauticé, Adonis, ya que era el eterno abrigo nocturno de mi gata Minerva, y la pantalla inexcusable de mi gata más vieja, Safo.

Cada tarde el gato, regresaba con cansancio y tristeza a su casa en aquel viejo patio. Su negocio vespertino estaba mal ubicado. No era rentable limpiar zapatos a la entrada de un escalera por la cual no subía nadie, Minerva se estremecía ante aquel pretendiente tan esforzado, y luego de insistir e insistir me obligó a dejarle mensajes, que escribía en cartón corrugado y metía en bolsas con olor a pescado. Comencé por indicarle que en Cumming con Puerto Montt, la cosa sería mucho más favorable, y solo tenía que caminar cerro abajo con su equipo y su encanto. Después desvarié en preguntas sin respuestas, y luego de observar las sonrisas del gato a su regreso todas las tardes, supuse que el negocio iba mejorando, entonces pasé a otro tipo de cosas. Adonis manejaba la lectura, pero no sabía escribir, no obstante entendía bien como comunicarse con metáforas con su interlocutora humana. Cierta mañana sentí la confianza suficiente, como para preguntarle porque sólo aceptaba a Minerva en su lecho nocturno, y no a mi vieja Safo, y a la mañana siguiente recibí un pene de gato puesto tras mi ventana. Era evidente. Safo era lesbiana.

La comunicación fue permanente, hasta la mañana en que Minerva regresó a casa preñada. Y el motel felino se hizo de pronto más costoso, y Adonis regresaba exhausto por las tardes de trabajo. Comencé a sentirme sola de aquí a esta parte, leyendo los poemas que rasguñaba Safo en los sillones, y viendo como Adonis acicalaba a Minerva, a los pies de la cama vieja.

Safo amaba a la gata Atis, que se fue con el gato Perseo. Adonis amaba a Minerva, y Minerva amaba a Adonis, sólo qué, los hijos de Minerva eran de Perseo. En el motel felino ocurrían más cosas de las que Adonis creía, y el regresaba tan cansado de su ardua tarde, que cobraba el arriendo y se dormía. Pasaron algunas semanas, y Perseo volvió insatisfecho de Atis, que aborrecía su masculinidad y lloraba a la luna por Safo. Perseo volvió con la intención de llevarse a Minerva, y tubo que llevarse a Minerva y a 5 gatos de los cuales el era padre. Safo y Atis, se perdieron entre los callejones lunares de Valparaíso, a vivir su amor sin pedir permiso. Yo abandoné mis tardes inclinada a la ventana, y el pobre y viejo Adonis, durmió agotado y despreciado por varios años en mi vientre, entre mis remiendos y recomendaciones…- Tranquilo Adonis- decía yo – A los Humanos en cosas de amor, también se nos miente.

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